Carmen Castro Ingalaturre. Catedrática de Historia del Arte. Marzo 2006.

Pintar desde el alma y para el alma sustenta la efectista e impaciente experiencia artística de Susana Guardiola. Sabe de cantos del silencio, soledad, temores, dificultades y laberintos humanos. Pero, en comunión con el lienzo, nos regala una oda a la vida, la naturaleza, la esperanza, el sentimiento, la búsqueda de la felicidad, la apasionada energía y la luz interior. Así, con esfuerzo, ha creado un universo armónico donde no hay espacio para la distorsión ni los radicalismos. No todo es blanco o negro. La vigilancia y la protección se manifiestan y en las hojas envolviendo los capullos de sus flores. Sincera adaptación metafísica.

De formación autodidacta y habilidades técnicas innatas, instintivamente, sin condicionamientos teóricos ni composición previa, logra un vigoroso hiperrealismo, la expansión expresionista de la mancha de color, la plasticidad de los empastes y el sugestivo toque impresionista en sotobosques y follaje.

Toda una captación de ambiente inmersa entre vibraciones, destellos, matices y detalles. El potente colorido, sin mezclar en la paleta y disfrutando de la sensualidad del pigmento, alterna con la suavidad de las veladuras. Los preferidos primeros planos se integran en los fondos resaltando los volúmenes. El dinámico cromatismo lumínico, con abanicos tonales sorprendentes, consigue ritmo emocional y calidad matérica.

La factura, meticulosamente acabada o suelta, se une a ricas texturas cuyo material de carga vegetal lo obtiene en su cercano entorno. Calor humano y estados del alma brotan con espontaneidad y extroversión. A través de flores y árboles encuentra caminos, lanza mensajes al cielo y saca una fuerza que parece inagotable, como la fogosidad de alguna atmósfera. Podemos detenernos con el tratamiento de la magia, asida a lo necesario, con la figuración desgarrada, simbolismo al borde de la imaginación y un diseño espectacular sobre fondo pleno de sutileza y claridad en osmosis estética y pasional con los cálidos rojos y amarillos.

Esperemos que Susana siga creciendo por dentro, acariciando la vida, mientras se mecen los lirios, y los árboles buscan compañía, con una percepción sensible de la individualidad propia y ajena. Basta con que siga auténtica y nos invite a sentir en su mundo de sensaciones.